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El Refugio de las Princesas y el Dragón de Nube

Por Borja Girón · 14 de octubre de 2026 · 2 min

Dos pequeñas princesas ayudan a un dragón cansado a encontrar un lugar tranquilo para dormir en lo alto de una torre.

8-10 añosPrincesas y dragonesPara dormir
Ilustración de El Refugio de las Princesas y el Dragón de Nube

Sonando

El Refugio de las Princesas y el Dragón de Nube

Música

Moraleja: Ayudar a los demás a encontrar la paz nos regala a nosotros mismos el descanso más dulce.

Texto del cuento «El Refugio de las Princesas y el Dragón de Nube»

Narrador: En un reino cubierto por una manta de estrellas, las princesas Valentina y Manuela caminaban de puntillas por la torre más alta del castillo. El aire olía a lavanda y el silencio era absoluto.

Valentina: Manuela, mira hacia el balcón. Hay algo que brilla bajo la luna.

Manuela: ¡Hala! Es Draco, el pequeño dragón de las cumbres. Pero... parece que está llorando bajito.

Narrador: Se acercaron con cuidado y vieron al pequeño ser con las alas caídas. Draco soltó un bostezo que iluminó brevemente la estancia.

Efecto de sonido: bostezo largo y profundo

Draco: No puedo dormir. Mis escamas están frías y el viento de la montaña sopla demasiado fuerte esta noche.

Valentina: No te preocupes, Draco. Nosotras te ayudaremos. Tenemos una manta de lana mágica que es suave como un algodón de azúcar.

Manuela: ¡Y yo tengo este cojín de terciopelo! Es perfecto para que apoyes tu cabecita de dragón.

Narrador: Las niñas acomodaron al dragón en un rincón acogedor de la torre. Con un suave movimiento, Valentina cerró la gran ventana de madera para que no pasara ni una pizca de frío.

Efecto de sonido: ventana de madera cerrándose suavemente

Draco: Gracias, chicas. Ahora me siento como si estuviera flotando en una nube de verano.

Manuela: Cierra los ojitos, Draco. Nosotras nos quedaremos aquí hasta que el sueño te atrape.

Narrador: Poco a poco, la respiración del dragón se volvió rítmica y pausada. Las princesas, contagiadas por la calma, también se acurrucaron a su lado. Porque ayudar a los demás a encontrar la paz nos regala a nosotros mismos el descanso más dulce.