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Alba y el Hacedor de Nubes

Por Borja Girón · 14 de octubre de 2026 · 3 min

Una niña curiosa descubre que las nubes de su pueblo son fabricadas por un anciano que usa una máquina de sueños.

Aleatorio
Ilustración de Alba y el Hacedor de Nubes

Sonando

Alba y el Hacedor de Nubes

Música

Moraleja: La verdadera magia reside en cuidar de los sueños de los demás con paciencia y cariño.

Texto del cuento «Alba y el Hacedor de Nubes»

Narrador: En lo alto de la Montaña del Copete, donde el aire huele a algodón de azúcar y a rocío, vivía Alba, una niña con los ojos grandes como platos y el pelo alborotado por la brisa.

Alba: ¡Caramba! Hoy las nubes tienen forma de elefante con tutú. ¿Cómo se aguantarán ahí arriba sin caerse?

Narrador: Alba decidió investigar el origen de aquellas formas blancas. Subió la colina más alta y, tras un viejo roble, encontró una cabaña con una chimenea muy extraña que no soltaba humo, sino pompas gigantes.

Efecto de sonido: tintineo de una campanita

Alba: ¡Hala! ¿Quién vive aquí?

Don Pompero: ¡Pasa, pequeña! No te quedes ahí pasmada. Soy Don Pompero, el Hacedor de Nubes oficial del reino.

Narrador: En el centro de la sala, una máquina llena de engranajes dorados y palancas de cristal crujía suavemente.

Efecto de sonido: engranajes de madera girando suavemente

Alba: ¡Es alucinante! ¿Y cómo funciona? ¿Le echas jabón y ya está?

Don Pompero: ¡Qué va, mujer! El jabón es solo para limpiar los cristales. Estas nubes se hacen con los sueños que la gente olvida al despertar. Yo los recojo, los bato bien fuerte y ¡zas!, nube nueva.

Narrador: Don Pompero le entregó a Alba una red diminuta. La niña, con mucho cuidado, capturó un destello que flotaba cerca de la ventana.

Alba: Este sueño brilla mucho. Huele a… ¿a galletas recién horneadas?

Don Pompero: ¡Exacto! Ese es el sueño de un niño que quiere ser panadero. Échalo en la caldera, Alba. ¡Dale a la palanca!

Efecto de sonido: palanca de metal moviéndose

Narrador: De la chimenea salió disparada una nube blanquísima con forma de rosquilla gigante que se instaló sobre el pueblo, haciendo que todos los vecinos sonrieran al verla.

Alba: Es el trabajo más bonito del mundo, Don Pompero. Prometo volver mañana para ayudarte con los sueños de las abuelas.

Don Pompero: Te esperaré con una taza de chocolate. Ahora ve a descansar, que necesitamos nubes nuevas para el amanecer.

Narrador: Alba bajó a su casa con el corazón contento y el alma ligera, sabiendo que cada vez que mirara al cielo, estaría viendo un trocito de la ilusión de alguien. Y así, colorín colorado, este cuento se ha acabado. La moraleja es: La verdadera magia reside en cuidar de los sueños de los demás con paciencia y cariño.